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NO ES LA MISMA HISTORIA (Comentarios)Nuevamente mi texto les gustó en general. La primera en comentar fue una chica de pelo muy corto, de quien desconozco su nombre. Fue, de hecho, ayer a la oficina, pero no sé ni a qué. Dijo que le había gustado el texto y la historia. Luego comentó Javier que le había gustado pero se le había hecho muy plano. Amado lo secundó más tarde... no recuerdo si también habló de tedio. La chica nueva dijo que tal vez era cuestión de la puntuación. Jesús dijo que no.
Luego, Jesús dijo que le había gustado mucho la historia de Luis, que era la mejor lograda. Que Lola y Linda no le habían parecido creíbles, sobre todo Linda. La chica nueva (a quién le pregunté su nombre, pero luego lo olvidé) dijo que mi redacción era muy clara. Karen siempre dice eso de mí, jajaja.
El chico no tan nuevo, creo que se llama Miguel, a quien por cierto, le pasó algo muy raro mientras leía, dijo que el título le parecía una contradicción, que si era la misma historia (yo le entendí como que ya una historia muy contada). El título va por otro lado, por como una misma historia puede ser contada de diversas maneras, según quien lo cuente. Jesús dijo que le agradaba el título, pero también lo entendió como el chico no tan nuevo.
De pronto comenzó toda una discusión de los personajes, muy chistosa me pareció, como si en verdad fueran personas. Eso permitió otra ronda de comentarios. Jesús dijo como que mis personajes no eran tan fuertes, o algo así le entendí yo. A todos les gustó el personaje de Pamela, dijeron que era muy fuerte; sugirieron darle más cuerda, pero Jesús dijo que entonces perdería su fuerza. Pamela me gusta también... me parece muy real... igual y luego escribo de ella, sin que sea la misma de esta historia, me refiero escribir de un personaje con las mismas características, le dejaría el mismo nombre.
Jesús dijo que este texto valía la pena tenerlo guardado y regresar a él para limpiarlo. Me recomendó alejarme de él unas semanas y luego retomarlo. Amado dijo que algunas cosas le parecieron de más. Luego Jesús insistió con la parte de Luis y que le gustó mucho. Y Linda sumamente no-creíble. Yo argumenté que tanto Linda como Lola están ligeramente (o muchamente) basadas en personas reales. Jesús dijo algo que me sonó muy contundente: lo que escribo debe ser creíble en el texto, no en la realidad. Eso me dejó pensando. Nunca intenté hacer a Linda creíble, sino como él la describió, tan ilusionada que colma, jajaja. ¿Debo entonces primero procurar la credibilidad de mis personajes? Es una duda, espero preguntarle la próxima semana. Y luego pienso en Linda. Yo conozco a una. Supongo que por eso asumí que era creíble, pero en realidad es la única Linda que conozco! Y sí, su "ilusividad" me resulta extrema e increíble. Empiezo a creer que debo "credibilizar" más a Linda.
Lola le pareció más creíble. Conozco a una Lola, pero sé que hay muchas más, aunque no sean ellas las que directamente me hayan contado sus Lolezcas historias. Asumo que si muchas mujeres casadas de más de 40 años leyeran mi texto, se identificarían. Tal vez las casadas de 30 o menos no... probablemente esa sea la parte que Jesús no piensa creíble.
Luis, en cambio, totalmente le gustó. Fue la parte que menos trabajo me costó escribir, por cierto... Creo que cuando lo escribí tenía un Luis interno, jajaja... medio se calmó hace una semana, por cierto. Jesús dijo que debo seguir apostando por esta clase de textos.
Jesús comentó en algún punto que era notable la ausencia de faltas de ortografía. Yo lo corregí, había dos que yo noté. Y un error de dedo. Los tres aparecen corregidos aquí en el blog. La chica nueva, que fue quien me leyó, dijo que había más... lo dudo. Ella leyó mal, se trababa con algunas palabras, inventaba otras, supongo que asume que son errores míos, pero yo no escribí esas cosas que ella leyó. En un momento Lourdes la corrigió incluso. No soy perfecta, pero en buena onda, la reto y a cualquiera que me lea, a que encuentre otro error de ortografía en el texto.
Lourdes me defiende mucho. ¡Ay vecinita! Sospecho que le caigo muy muy bien, pero no soy tan buena escritora como ella cree. Simplemente me la gané (de a grapa) y pues... que quieren! Bien puesta la playera ella conmigo!
Por cierto, la chica nueva dijo que lo más simple es lo más elegante. Qué bueno que así lo piense. Jijiji, soy tan parca para escribir!
Pues espero que sea todo, que no se me haya escapado nada. Los comentarios traté de seguir el hilo como se dieron, pero al final sé que no lo logré. Lo que pasa es que al discutir la situación de los personajes se extendieron mucho y eso complicó mi memoria, jajaja. Por cierto, a todos les gustó el final.
Comentario chistocito: Jesús me confiere virtudes que creo que en realidad no tengo. Por ejemplo, la elección de los nombres, todos con L... no recuerdo que hubiese sido intencional. Lo noté y no quise cambiarlo. O no sé si fue Karen quien lo notó primero. Pero a él le pareció una idea grandiosa. Y luego dijo que además cuidadosamente elegidos Lola-Dolores, la mujer casada que se queja (ay! no fue mi intención hacerla notar quejumbrosa!), Linda la bonita toda ilusionada y Luis... bueno Luis... dijo que podría haberlo llamado Luciano, como Lucifer, jajaja... Jamás fue mi intención eso... fue chiripa que salieran así... O a la mejor la malicia literaria se me subleva y toma decisiones a través de mi subconsciente, jajaja.
Otro detalle que se le hizo como "muy genial"... El enunciado final: la segunda vez que Luis está a punto de chocar... Luis, atrapado entre dos mujeres, dos choques... o sea... pues... jamás tampoco lo dije por eso, jajaja... Jesús es un iluso de mi literatura... es como Lindo de mis escritos, jajaja asume muchas bondades que no necesariamente tienen, jajaja... pero voy a empezar a pensar eso de mi malicia sublevada... es más bonito, jajaja.
Comentario aparte. Leímos después a Amado. Su historia consistía en la mujer de un trabajador de una fábrica que tenía SIDA. El asunto es tratado por los trabajadores y jefes de la empresa con verdadero interés. Se enteran ellos antes que ella, antes que él, porque el doctor se los dice primero a ellos. Me pareció un error literario de Amado, creíble en un país como México. Y nada! Que no es ficción, Amado escribió basado en un hecho real. Y yo casi me quería ir para atrás y sentía que se me caían los calzones... No mames! O sea... un doctor reporta una enfermedad (cualquiera que esta sea, pero sobre todo el SIDA lleva grandes connotaciones) a la empresa que lo contrató antes que a la paciente misma!!! OMG!!! Sólo pasa en México eso... que lo informen primero a los familiares (como pasa aquí, incluso dejándoles a ellos la decisión de revelar la enfermedad al enfermo) me parece ya gravísimo, pero a terceros!!!!! O sea... el colmo... Además, Amado lo veía bien, eso me dio escozor, pero bueno... somos distintas personas y yo veo mucha serie de médicos gringa y allá si hay verdadera secrecía con el paciente y seguramente estoy influenciada. Por cierto, creo que Amado se lo tomó mal, muy mal, porque además, no fui a la única que le brotó el detalle. En verdad lucía molesto. La forma de escribirlo se me hizo bien, aunque Jesús le hizo notar sus errores. Pero él... no sé, se lo tomó muy a pecho. No lo imaginé así. Pero güeno... ya tengo sueño, ya me quiero ir a dormir... feisbukearé levemente y me dormiré... todavía, por cierto, no me pongo crema en la cara. NO ES LA MISMA HISTORIALola se tira en la cama después de un día especialmente largo. Ha acostado ya a los niños y sabe que Luis no llegará antes de las once. Se levanta; se acerca al tocador y se mira al espejo. Siente que ha pasado tanto tiempo y los recuerdos la asaltan.
Lola y Luis se casaron hace trece años. Lola tenía veintiún años y Luis había sido su único novio, “el amor de su vida”. Pero, a pesar de las muchas ilusiones que tenía, su luna de miel duró estrictamente los cinco días que vacacionaron en la playa.
Lola piensa en el día anterior, la reunión semanal con sus amigas, cuando les confesó que había tomado una decisión: va a divorciarse. No, no es que Luis tenga una amante, eso la tiene sin cuidado. Es que se siente sola, se siente acorralada. Es que ya no lo ama y en su cuento de hadas no han sido felices para siempre.
Luis la manipuló desde un principio para reducirla, desdibujarla. Lo hizo de recién casados con el trabajo de Lola en la clínica de su padre: no era necesario, él podría mantenerla; lo volvió a hacer meses después de la boda con sus estudios universitarios, con el pretexto del primer embarazo de Lola, a pesar que le faltaba sólo un semestre para terminar la carrera. Una vez que Luisito hubo nacido y Lola quiso regresar a la escuela, dejar el niño al cuidado de nanas o incluso de la abuela era algo impensable. Después de Luis llegaron Ximena y Miguel. Lejos de ser la brillante profesionista que siempre había pensado, Lola quedó atrapada de lleno en el mundo doméstico. - Pero Lola, ¿no te diste cuenta de que con sus chantajes te controlaba? -preguntó Alicia. - No, era tan cariñoso cuando lo decía. Me llamaba amor, mi vida. Me decía que siempre había soñado con hijos suyos y míos y que quería lo mejor para ellos. Nadie podría hacerlo mejor que yo. Cuando los niños fueron lo suficientemente grandes, Lola intentó nuevamente retomar su carrera. Para entonces el “amor” y el “mi vida” habían desaparecido del vocabulario de su marido. Lo único que necesitó Luis para desalentarla fue burlarse de ella: “a tu edad Lola, déjate ya de payasadas, para llevar a los niños al escuela y hacer de comer no necesitas un título universitario. Además, te verías ridícula junto a las jovencitas”.
Con la familia política la estrategia de Luis había sido la misma: escindir a Lola. Ese alejamiento que Alicia, Sandra y Pamela nunca habían entendido, Lola lo explicaba: Luis argumentaba que ellos lo veían menos, que le metían ideas en la cabeza, que los niños sufrían al ver que no podían tener las mismas cosas que sus primos. La había acosado de tal forma que Lola veía a su familia sólo una o dos veces al año.
Lola había llorado entonces, al platicar con sus amigas, y lloraba ahora. Se repetía a sí misma que debía concentrarse en los malos momentos para no flaquear en su decisión. Retomó el recuerdo justo donde lo dejó. Ahora le contaba a sus amigas que Luis se había vuelto cínico con el asunto de su amante; a pesar de que ella había intentado ignorar el suceso asumiendo que sería una aventura más, él estaba haciendo cosas que nunca antes: llegaba tarde todos los días con el olor evidente de otra; de vez en cuando faltaba a dormir a la casa. Había dejado de esconder las notas del motel o las flores, mientras que anteriormente ella hurgaba minuciosamente para encontrarlas. Lucía chupetones con franco orgullo. Lola sentía que más que tener una amante, se estaba burlando de ella.
Sandra y Alicia, ambas casadas, alabaron la decisión de su amiga. Les fue fácil identificarse con la soledad que sentía Lola. Cuando ella les habló de sus planes de terminar por fin su carrera, conseguir un trabajo y quizás hasta una nueva pareja, ellas le echaron porras. Le recordaron que en la universidad ella siempre se había distinguido por su capacidad y que era una mujer joven y guapa todavía. Extrañamente, Pamela no hizo lo mismo. ¿Por qué justamente Pamela no la apoyaba? La soltera del grupo, con ideas de avanzada, quien nunca permitiría que un hombre la sobajara. Pamela le recomendó seguir aguantando, hacer oídos sordos. - ¡Pamela! Pero, ¿cómo puedes decir eso? -dijeron todas casi al unísono. Pamela no tuvo ningún empacho al explicarse. - Lola, tú apenas quieres regresar al escuela, el mercado laboral es una jungla. Jóvenes de veintitantos años que no sólo tienen su carrera terminada, sino maestrías y doctorados, hablan dos o tres idiomas. Los jefes piden favores sexuales y pruebas de embarazo. Si yo estoy donde estoy, es porque estoy sola. Y además quieres encontrar un nuevo amor, ¡qué ilusa! Ciertamente a Pamela jamás le faltaba un hombre para sexo desenfrenado en un motel, o incluso para que la acompañara a reuniones sociales. Pero al final del día, en la cama de su casa dormía siempre sola. Tan increíble como pudiera parecerles, Pamela había confesado ahí mismo, con los ojos también mojados, que envidiaba su vida de mujeres casadas.
El ruido en uno de los cuartos regresó a Lola a la realidad. Era Ximena, que daba vueltas en la cama. Lola sabía que había llegado el punto en que la tensión familiar empezaba a hacer estragos en sus hijos. Mientras abría la puerta de la recámara y miraba a su hija a contraluz, Lola oyó ruido en la puerta. Al parecer, Luis había llegado por fin a la casa.
Luis sale del despacho para dirigirse al estacionamiento. Es la primera vez después de mucho tiempo, que a esas horas de la noche está de hecho en la oficina, si bien, no estaba trabajando. Los dos hallazgos del día lo tienen preocupado y les dio muchas vueltas antes de retirarse.
Ya en el carro, comienza de nuevo la diatriba. Lola, Lola, ¿qué diablos tiene qué hacer imprimiendo su currículum? ¿Acaso piensa regresar a trabajar? ¡Está loca! Sabe que él nunca ha estado de acuerdo con eso. Aunque francamente duda que pueda encontrar trabajo por sí sola: Lola no terminó la escuela y el único empleo que ha tenido ha sido ayudando a su papá con la contabilidad de su clínica. Pero siempre está la familia, y precisamente la familia de Lola es de mucho abolengo, podrían ayudarle. Y además está Pamela. Esa amiguita de Lola le revienta el hígado porque sólo le mete ideas en la cabeza. ¿Acaso Lola no se da cuenta de que es simplemente una puta con tacones de marca? Un par de acostones de Pamela seguro le conseguirán a Lola trabajo. Y de los buenos. “Si Pamelita no tuviera tantos escrúpulos, ya me la hubiera cogido yo también”, se dice a sí mismo mientras se pasa una luz roja. Luego se da cuenta que no es momento de pensar en ese par de tetas mientras va manejando.
Regresa a Lola. Sabe que se le está subiendo a las barbas. Ha estado visitando a sus hermanas sin su consentimiento. Y otra vez el cafecito semanal con sus amigas; si ya había conseguido limitar las salidas a una cada dos meses, ¿por qué de pronto vuelve a salir cada semana? Y con la Pamela incluida seguro han de terminar de putas en algún bar. Aunque hace años que no tiene sexo con Lola le repatea la idea de imaginarla siquiera hablando con otro hombre. ¿Y si salen a bailar? “Carajo” no vio ese tope. Si no viera a Linda tan seguido, bien podría traer a Lola con la rienda más ajustada.
Mientras sigue manejando piensa ahora en Linda. Esa niña lo enloquece. Hacía mucho tiempo que no se sentía así por una mujer. Desde Lola tal vez. Si, ha tenido aventuras, pero noviar, lo que se dice noviar, hace tanto tiempo que no lo hacía. Si bien Linda no era virgen, como Lola, le costó trabajo acostarse con ella y pudo notar su inexperiencia. Sexo furtivo con el ex-novio tal vez un par de veces, pero no es una ramera. Y además, ha podido moldearla a su manera. Primero, hacerlo sin condón; convencerla de tomar la pastilla lo más complicado. Luego, algunas guarradas con las que Lola nunca estuvo de acuerdo, y otras que él nunca quiso intentar con ella, porque, después de todo, Lola es la madre de sus hijos. Le encanta Linda, le encantan sus piernas, le encantan sus nalgas; ¡esas nalgas! Y si el conductor de la camioneta no se alcanza a frenar, Luis seguramente se habría estrellado. “Pinches viejas” dice en voz alta, mientras la Lobo realiza una proclama popular con el claxon.
Luis se recompone y ahora cavila: ¿por qué la prueba de embarazo en la bolsa de Linda? ¡Qué carajo! Ella sabe que un hijo no está en sus planes. ¿Sería para una amiga? ¡No! ¿Y si Linda tiene también una Pamelita que se la lleve de juerga cuando no está con él? ¡Carajo! Pero siempre resulta bueno que tenga una amiga que pueda sugerirle un aborto en vez de que sea él quien lo haga. Linda pondría el grito en el cielo si lo hiciera. Y de momento, no se imagina cogiendo con otra que no sea ella. ¿Por qué de pronto las jovencitas se pusieron tan remilgosas con los hombres mayores? Ven una cana y sienten que están con el abuelo. ¡Si él podría cogerse a las tres secretarías de su piso en la misma noche! Especialmente a la Lupita, ¡cómo se ve que a esa mujer le hace falta un orgasmo! ¡Carajo! ¡Un bache! Pero ¡qué bache! “Pinche gobierno, ¿qué chingaos hace con nuestros impuestos?” se dice, mientras recuerda que tiene que ponerle un alto a Lola y asegurarse de que Linda no esté embarazada. Este asunto de las dos mujeres lo tiene mal, muy mal. ¡Y nunca trae un peso en la bolsa! Linda resultó señorita de gustos caros y quiere tenerla contenta. Ha faltado ya a los dos últimos juegos de póquer con sus cuates del despacho y de pinche mandilón no lo bajan. Jajaja… ¡ya parece! ¡Lola prohibiéndole algo! Aún así, Lola lo tiene hasta la madre. ¿Por qué diablos se salta las trancas? Luis tiene que tomar una decisión, mientras las piernas de una y la estabilidad de la otra le forman marañas en el cerebro.
Linda se recuesta en el sofá mientras se toma un café. Espera a Luis desde las nueve y ya casi son las once de la noche. Luis nunca llega tarde, algo grave debe haber pasado. Espera que todo esté bien, en especial sus hijos, ¡son su adoración! Quiere llamarlo, pero ahora le preocupa la hora. Si Luis está con su esposa y ella lo llama, él no se lo perdonará. Todavía recuerda aquella vez que lo llamó para que fuera por ella a la escuela, lo metió en un verdadero problema. Lola es una manipuladora y aquella ocasión amenazó con quitarle a los niños. ¡Luis los quiere tanto!, no podría vivir sin ellos. Si quería llamarlo debió haberlo hecho más temprano, ahora debe esperar.
Angustiada Linda se levanta y recorre la sala de uno a otro lado. Se pregunta si eso es lo que siente Lola cuando Luis está con ella. No puede evitar recordar el día que la conoció. Llegó a la oficina tan dama, ¡tan amable! Le sorprendió verla guapa. Siempre la imaginó como una gorda con tubos cuando Luis hablaba de ella. Y gritando, la imaginaba gritando. En cambio Lola era tan dulce, tan elegante y tan mujer. Se sintió intimidada y odia reconocerlo. Jamás le dijo a Luis que la había conocido.
Linda quiere tranquilizarse y decide que el café no la ayuda. Se dirige a la cocina para echarlo por el fregadero. Además, en su estado no debe tomarlo. No quiere que Luis la descubra y le llame la atención, ¡se pondrá tan contento! Luis siempre le ha dicho que le gustaría tener un hijo suyo, que ella es perfecta. Qué raro que haya insistido con las pastillas, pero ella estuvo de acuerdo en tomarlas porque un hijo no era lo mejor en ese momento. Mas olvidó tomarlas una semana completa y tuvo miedo que Luis la regañara, así que prefirió no decirle. Su primera impresión al conocer la noticia fue de miedo, es demasiado joven para tener un hijo, apenas acaba de terminar su carrera. Pero sabe que Luis nunca la dejaría y que su hijo es fruto del amor, de un amor muy grande. Bien merece la pena recomponer sus planes por un hijo de Luis. “¿Por qué no ha llegado?” se dice mientras sostiene la taza vacía entre sus manos.
Linda quiere relajarse. Intenta llamar a una de sus amigas pero se da cuenta de la hora. No quiere alarmar a nadie. Además, sabe que las ha descuidado, hace mucho tiempo que no sale con ellas, pero Luis consume gran parte de su tiempo y ella acaba de empezar a trabajar. Además, ¡Luis es tan bueno! La escucha, la consiente, la mima. Fue él quien sugirió rentar ese departamento para que pudieran pasar más tiempo a solas. Linda se siente tan feliz de prepararle el desayuno las contadas ocasiones que amanecen juntos.
Mientras Linda lava la taza recuerda el día que lo conoció. Le pareció tan guapo, tan apuesto. Ella iniciaba sus prácticas profesionales en el bufete de Luis. Cuando estaba con él se le aceleraba el pulso. Luis debió haberlo notado, porque pronto la invitó a salir. Linda se asustó primero, pues ya se había enterado por las secretarias de que Luis era un hombre casado, así que rechazó la invitación. Pero luego sucedió aquella presentación del libro de uno de los clientes de la firma. El señor Ruiz de Soto les había pedido a todos que asistieran. El evento era lejos de su casa y al no iniciar a tiempo su término se retrasó notablemente. A esa hora ya no había transporte público y Linda no tenía dinero suficiente para pagar el taxi. Entonces Luis se ofreció a llevarla a su casa. En ningún momento intentó propasarse; platicaron, él la dejó hablar, se mostró interesado por ella. Le dijo que le gustaba, pero no quería obligarla a nada que ella no quisiera. Ella se sintió halagada. Al llegar a la casa de asistencia donde ella vivía, Linda esperaba un beso, pero Luis fue todo un caballero.
Empezó a llevarla a la casa cuando el trabajo en el despacho se prolongaba. Ella se sentía cómoda y segura a su lado. Un buen día, por fin, él sugirió tomar un café antes de llevarla; ella aceptó sin dubitación. Al final de la velada llegó el ansiado beso. Y a partir de entonces no se separaron. Ella aprendió a conocerlo. Se enteró de que su matrimonio con Lola había sido arreglado por la familia de ella, pues se había embarazado cuando aún eran novios; Lola era de buena familia y Luis tenía que responderle. Además, él jamás habría desamparado a un hijo suyo, era sólo que la familia de Lola había amenazado con obstaculizar su incipiente carrera de abogado. Y Lola era una mujer comodina que jamás quiso superarse; dejó de estudiar, nunca más trabajó, evidentemente quería mucho tiempo libre para manipularlo. Linda sabía que cuando por fin, Luis y ella estuvieran juntos, ella no sería como Lola.
Linda siguió dando vueltas por la sala del departamento. Para calmarse llevó la mano a su vientre. Sabía que esa vida la llenaría de fuerza para superar cualquier prueba. Luis se pondría feliz al escuchar la noticia y entonces, le pediría el divorcio a Lola. Y no podría imaginar un padre mejor para su hijo. Empezó a imaginar un pequeño con los ojos de Luis. ¡Y con sus manos! Casi se sintió acariciar por las manos de Luis. Lo quería tan inteligente como él, tan sensible como él. Linda empezaba a relajarse, cuando de pronto escuchó pasos en el corredor del edificio. Suspiró con alivio al pensar que Luis al fin había llegado.
Luis detiene su vehículo después del enfrenón. Es la segunda vez que ha estado a punto de chocar esa noche. Sabe que no puede seguir así y ha tomado una decisión: hablará con ella. Con cierto aplomo enciende el radio y mucho más tranquilo, se dirige hacía allá. Ausencia (comentarios)Bueno, les platico ahora los comentarios a mi texto de hoy (todavía hoy, que son las 11:37) porque si no los escribo ahorita es probable que se me olviden.
Creo que les gustó. Karen dijo que le gustó porque le pareció diferente, ella al menos lo vio diferente. Los demás lo vieron como pan con lo mismo, como un post común de mi blog, jajaja... o sea... si es diferente.
Las primeras palabras que mencionaron: amor, nostalgia, melancolía, tristeza. Si, todas van...
Luego ya empezó la crítica formalmente. Socorro me aconseja que ya le meta cosas hard a mis textos. Que soy como muy rosita para escribir (eso es traducción mía). Es que mi lap es rosa. Ha de ser por eso. Bueno, que mis historias eran siempre de amor y así de la ñoñez... nunca había escrito la palabra ñoñez porque se me hace una palabra fresa, pero creo que eso quiso decir Socorro. Eso me lleva a una reflexión. Debo ser congruente conmigo misma y debo ser honesta a la hora de escribir. No creo que mi vida haya sido tan infeliz como para escribir de muertes violentas, violaciones, alcoholismo, drogadicción y cosas peores. El que quiera nota roja que lea el periódico, es muy simple. Creo que puedo desdeñar a lectores como ella porque hablando de temas que desconozco y que no me interesan, seguramente tampoco llamaría su atención. No siento el comentario en mala onda, para nada, pero tampoco me parece realista ni un buen consejo. Simplemente no escribo lo que a ella le gusta leer y no por eso debe recomendarme escribir otra cosa. Pero güeno... como lo más probable es que yo güelva a escribir un texto ñoño, la próxima vez que me diga eso voy a usar argumentos para defenderme. Espero ser muy diplomática porque Socorro me cae bien, pero es perderista y pejista, lo que es aún peor, así que... evidentemente tiene que estar equivocada, vd?
Mi vecinita Lourdes, me enteré hoy que así se llama, me llevó un dulce. Y me defendió diciendo que Socorro no estuvo el día de mi texto erótico. Gracias vecinita. Lástima que me lo dijo cuando Jesús me hablaba y ya no tuve chance de escuchar completo, jajaja.
Jesús dijo que en algunas partes el texto era medio poético, como en lo de las gaviotas que no volarán sobre la espuma. Y que a veces como que escribo las cosas peladito y en la boca, que no debo darle tanto al lector. Como por ejemplo, cuando digo que con sorpresa descubrí que las rosas ya no tenían aroma, que era suficiente decir que las rosas ya no tenían aroma (sin la sorpresa, pues), que habría sido mejor frase de inicio. Todo el texto surgió por esa frase, en sí. Y no recuerdo cómo la pensé originalmente, pero estoy muy tentada a pensar que lo de la sorpresa fue aderezo mañanero (la frase se me ocurrió desde ayer). Alguien dijo (no recuerdo quién, no sé si Jesús u otro hombre) que no les gustaba que hubiera metido el viejo al final (con eso de "no estabas tú"). Karen secundó. Pero también así pensé mi texto, ¡caramba! Aunque si intenté que pudiera parecer que así nos sentimos cuando perdemos a alguien, no necesariamente un amor, pero a la madre, un amigo, un hermano, qué se yo. Quería que pareciera amor en general, y no amor de pareja... No sé si eso puede lograrse con mi texto y la conclusión "del viejo" es porque ya me han leído otras veces.
Raziel, un chico nuevo, dijo que mis textos le parecían como entradas de diario donde yo me desahogaba. Que para mí escribir era terapéutico. Lo voy a invitar a que lea mi blog pa' que NO se desengañe, jajaja... Si yo nunca lo he negado! Pero me dio risa que sólo en tres textos (y no el primero de Daniela, en el que lo escribo con esas palabras) me haya descifrado así.
No quiero hacer lo que dice Socorro. Creo que no va conmigo. Sin embargo, algo me falta, algo me falta, porque siguen diciendo de mí cosas como: "se nota la malicia", "ahí están las herramientas", "bien escrito", pero algo les sigue faltando. O sea, en resumen, como que sigo prometiendo, pero sigo sin cumplir, jajaja... Supongo que uno no se vuelve un buen escritor de la noche a la mañana, pero quiero que vean algo más serio de mí. Jajaja... no sé... bueno... trataré de inspirarme este fin.
Ahora permítanme defender un poquito mi texto. No, no está escrito para Fernando. Ni inspirado por él... aunque si tal vez el estado en el que estoy y las cosas que en general escribo y la forma en que en general escribo tenga que ver mucho con él. Nunca lo he negado; mi vida se divide en Antes de Fernando y Después de Fernando. No voy a ocultarlo jamás. Incluso, para que no se confundiera con un texto confesional de mi parte, incluí la parte esa de la playa... pero la ignoraron méndigos! jajaja y Karen sintió que la metí muy a huevipi, como intentando disfrazar mi texto de alguien que no soy yo. Pero no... o sea... no, no era para él, el texto, aunque si probablemente la inspiración sea de mi era Post-Fernando y antes de él nunca hubiera escrito eso.
Jesús habló de que nuestros textos deben tener una historia detrás. Yo siento que el mío si la tiene. Me recomendó explotar esa descomposición del mundo que deja ver mi escrito, como por ejemplo, diciendo que la risa no se oye. Una idea similar tenía yo que a la hora de la hora se me olvidó poner. Amado dice que se confundió un poco con lo de la olla de monedas del arcoiris, que pensé que sería un texto infantil. No creo que por un enunciado te confundas tanto, pero bueno. Si era demasiado tierno ese comentario, y de todos modos mi texto era de una hoja, así que... pues se nota más un único enunciado en una hoja que si hubieran sido tres, jajaja. Luego dijeron como que en un principio pensaron que sería un texto de fantasía y pues, tampoco... no tengo tantísima imaginación.
Modificaré este texto. Luego lo pondré aquí. No sé si lo llevaré al taller propiamente, porque eso me quitaría la posibilidad de que leyeran otro texto mío, pero igual y pido opinión a Jesús, Karen, Raziel, Amado y Jorge... me interesarían esas opiniones. Y la de ustedes, por supuesto... hace mucho que nadie me comenta, siento que estoy de monólogo... HáblenmeN, please!...
A ver si mañana publico la modificación. Bueno... debe ser pronto para escribir lo del próximo martes con tiempo, que sé que este texto sí lo redacté a la carrera... Y ya, chao, ya me quiero dormir...
Y en lo que corregía unas faltillas de ortografía recordé que Raziel dijo que yo me veía como sensible y melancólica... sensible supongo que sí... pero no quiero que me piense melancólica... no quiero proyectar eso... es más, no creo proyectarlo, ni siquiera en el taller... siempre ando diciendo pendejadas, jajaja... pendejadas-no-melancólicas, pues... No estoy triste... al contrario me siento muy feliz de lo que pasó con él... Le agradezco tanto que haya formado parte de mi vida... Y se lo agradezco a la vida también... No es algo malo en mi vida, al contrario... si acaso lo maldigo un poquito, a veces... cuando pienso que sus besos y su forma de hacerme el amor era tan perfecta, que dudo mucho que haya alguien que lo pueda hacer mejor. Pinchi Fernando... puso la vara muy alto... méndigo... De castigo te deseo que no se te pare hoy en la noche... nomás hoy pues...
AusenciaBueno, este es el texto que llevé hoy a mi taller:
Hoy por la mañana que bajé al jardín, descubrí con sorpresa que las rosas ya no tienen aroma.
Desde el lunes una sucesión de eventos extraños. Temprana la tarde empezó a soplar suavemente el viento, las hormigas empezaron a salir de sus hormigueros. De pronto, con el sol en medio, el cielo comenzó llover. Cada quien reaccionó muy a su manera: a pesar de que la lluvia era leve hubo quien procuró guarecerse; otros, jóvenes y adolescentes en su mayoría, decidieron refrescarse con la dulce llovizna. Yo, por mi parte, busqué el arcoíris y descubrí un cielo tan limpio que me dio escalofrío. El arcoíris después de la lluvia con sol ha desaparecido, supongo que también se ha perdido la olla con monedas de oro justo en su final.
El jueves decidí dar un paseo por el malecón. Las olas golpeaban ligeras la playa, las parejas caminaban dándose la mano y los niños hacían construcciones en la arena. El sol golpeaba a plomo caras y espaldas, al tiempo que la brisa les brindaba consuelo. El sonido y el aroma deliciosos de siempre, las embarcaciones en el horizonte… de pronto las busqué y no estaban… las gaviotas ¡se han ido! Ya no vuelan sobre la espuma del mar. A nuestra playa se le han ido las aves y a nadie le parece importar.
El viernes la plaza estaba tan abarrotada como un viernes cualquiera. El kiosco había sido asaltado por un trovador. Los niños corrían tras de las palomas, mientras las alimentaban hombres y mujeres de blancos cabellos. A la venta las golosinas usuales: nieve, palomitas, algodones de azúcar. Yo decidí comprarme un helado. Lo probé con cuidado porque luego me duelen los dientes. Lo sentí deshacerse lento encima de mi lengua y entonces descubrí que no tenía sabor. La nieve no sabe, lo mismo le pasó a las crepas y desde entonces que no tomo café por temor a que éste haya perdido también su sabor.
Hoy ha sido el día más duro de todos entre sus rarezas. Primero las rosas, justo en la mañana. Al terminar el día una noche fresca y el viento soplando. El cielo, todo despejado, lentamente cedió a su transformación habitual: azul en un tiempo, luego sonrosado para después tornarse naranja. Al final, sangrando como herida abierta y entonces muy negro, dando paso a la noche larga. Las estrellas brillaban de manera intensa y arriba en vez de la luna había un hoyo negro, muy negro. Veo ese hoyo y se me quema el pecho.
Hoy, tendida en la cama con mucha tristeza y mis ojos mojados, he redescubierto que tú ya no estás.
FRENESÍAnd I give up forever to touch you
'Cause I know that you feel me somehow...
John Rzeznik
Ana sale del baño con una toalla envolviendo su talle. Se despoja de ella al entrar a su cuarto y se mira al espejo antes de comenzar su arreglo. Ha esperado por tanto tiempo esta noche y ha elegido su atuendo minuciosamente: notas de musgo y pachuli para perfumarse el cuerpo; fino encaje cubriendo senos y caderas; negro, por supuesto; no llevará medias, pero lleva liguero. Ojos ahumados, el cabello suelto. El vestido es corto y también es negro, tirantes delgados, por el frente un escote discreto, por detrás otro que da vértigo.
Ana sale de casa y sube al automóvil. Mientras conduce a la luz de una luna que ella siente más llena que nunca, no puede evitar el recuerdo. Conoció a Manuel hace algunos años. Él formaba parte del grupo que auditaba a su empresa. Alto, moreno; su espalda era ancha y sus manos grandes, sus ojos obscuros de mirada intensa. Inmediatamente se sintió atraída, aunque le resultaba soberbio. Él también la recuerda: ojos almendrados, negros los cabellos, las piernas muy largas; busto y nalgas generosos. Era la hija del dueño, de ahí, probablemente, la altivez con la que trataba a los auditores. También le gustó. Cada vez que Ana y Manuel coincidían, sentían que una tensión rara les recorría el cuerpo.
Una semana después que la auditoría hubo terminado, se encontraron en la fiesta que la mejor amiga de Ana le ofreció a una prima recién llegada del extranjero. Ana no sabía que iba a verlo, él era amigo de la prima; con ropa casual le pareció aún más atractivo. Él también la notó diferente, el vestido corto se ceñía a la redondez de sus formas. Se saludaron, por unos minutos conversaron vagamente acerca de la empresa y se despidieron. Horas después Ana abandonó la fiesta. Una vez al volante sintió el carro pesado y bajó a revisarlo; gracias a las luces de un auto que se acercaba Ana descubrió el pinchazo en una de las llantas. Era Manuel el del auto y se ofreció a cambiar la llanta, pero Ana no quería manejar con la de repuesto. Manuel la convenció entonces que era demasiado tarde para buscar una grúa, y asumiendo que el fraccionamiento privado era lo suficientemente seguro, le dijo "mañana a primera hora vienes por tu carro, yo te llevo a tu casa".
Mientras Manuel hacía cambios de velocidad rozaba involuntariamente las piernas de Ana. Ella lo notó, pero no quiso evitarlo. Manuel la miró y le dijo: "Me gustas". Ana evadió su mirada. Las manos de Manuel empezaron a rozar sus piernas, aún sin hacer cambios en la transmisión del auto. Ana lo notó, pero no quiso evitarlo. Manuel la percibió relajada y se arriesgó a subir por el muslo. Ana abrió los labios y entreabrió las piernas. Él siguió hacia arriba y ella dejó escapar un suspiro. Una vez en la casa se reconocieron sin las ropas puestas. Manos, dedos, cuerpos. Sinfonía de suspiros y jadeos. No sería la última vez que lo hicieran.
A pesar de que Ana estaba por casarse, ambos empezaron a verse, a compartir momentos. José, el prometido de Ana cumplía una estancia en el extranjero. Cuando la llegada de José fue inminente Manuel reclamó derechos hablando de sentimientos. Ana estaba muy clara en sus planes y no quiso aceptarlo. Mientras José llegaba de lejos, a Manuel le ofrecieron trabajo en una ciudad vecina. Jamás se despidieron. Esta noche Ana espera el reencuentro. Sabe que Manuel se ha casado y tiene ya un hijo. Ella, por su parte, también ha hecho su vida, y a pesar que su matrimonio con José fue un fracaso, su hija Regina le impide el arrepentimiento.
Con la compañía de la luna y de música clásica Ana llega al lugar del evento, la boda de la prima aquella. Baja de su carro; a pesar de que la noche es fresca no quiere usar la chalina, desea que los ojos de Manuel se la coman desde el primer momento. Ana entra al salón. Un primer vistazo basta para descubrirlo, para sentir en ella esos ojos de mirar intenso; no ha venido solo. Ana llega a su mesa escoltada por esos ojos casi, casi negros y lo mira a su vez con sus ojos de almendra. Un leve choque eléctrico le recorre el cuerpo. La noche transcurre. Ana baila con algún caballero. Manuel simplemente la mira. Ana continúa bailando y Manuel la imita. Ambos se siguen mirando. Ella se excusa con su compañero y sale a la terraza.
Afuera, una brisa le golpea suavemente el rostro. Siente que él se acerca y vuelve la cara. Lo mira. Se miran. Con miradas recorren sus cuerpos. - ¿Y José? - Hace un año que nos divorciamos... ¿tu esposa? - Sí. Tenemos un hijo y ya viene otro en camino. Un largo silencio. Él le toma la mano, ella siente mariposas en el pecho. - ¿Eres feliz? - Lo intento. Manuel aprovecha el momento y tomando a Ana por la espalda la acerca a su cuerpo. Aprovechando el escote su mano desciende. Ana siente una humedad que le moja el cuerpo. Manuel, por su parte, una rigidez que le aprisionan las piernas. Alguien llega y ellos se separan. Para el allegado, ellos se están saludando, pero en realidad se están reconociendo. - Nunca nos despedimos - No, no hubo tiempo. Manuel se retira. Ana se dirige al estacionamiento, la acompañan la luz de la luna y el olor intenso de la tierra mojada.
Ana sube al auto, donde ya la espera. Deja que él conduzca. Una mano le busca las piernas y encuentra el liguero. Ana abre los labios y entreabre las piernas. La mano sigue ascendiendo y en su humedad se detiene. Se besan los labios. Ana siente que le estalla el pecho.
Al llegar a la casa ella lo conduce al cuarto. Él le besa la boca, ella le muerde los labios, sus lenguas entablan una ruda batalla. Él le quita primero el vestido y ella le libera el cuello. Él la tira en la cama y le quita el liguero. Ella abre las piernas y lo atrapa entre ellas; sin faltar a los besos lo desnuda por completo. A la erección masculina se interpone el encaje, él se deshace de esa barrera. A ella le hierve la sangre y se le moja el cuerpo. La embiste, con suavidad primero y luego como bestia salvaje. Manos, dedos, cuerpos; compás de fricciones, vaivén de caderas y piernas. Ella siente que él la está partiendo justo por el medio. Una oleada de energía le recorre vientre, piernas, cuello explotando en un grito, mientras un líquido hirviente inunda sus entrañas. Suspiros, jadeos, susurros a un tiempo. Él la mira a los ojos y ella se refugia en su pecho.
Al despertar la mañana ella deja la cama. Le sonríe al espejo. Mientras mira el otro cuerpo tendido se dice a sí misma en silencio que habría sido perfecto de haber sido Manuel a quien tuvo dentro. Comentarios que se me fueron ayer:
Noté la repetición aprovecha-aprovechando después del diálogo hasta que se leyó el texto en el taller. Amado hizo la observación de que el "abre las piernas" se repetía. Las dos primeras fueron a propósito (dice "entreabre", de hecho). La tercera concuerdo con Amado... ya no debió existir.
Jesús dice que fui repetitiva al decir "se besan los labios". No estoy de acuerdo. Si creo que en general asumimos que un beso se da en los labios, pero no creo que sea una construcción pleonásmica. Hay besos en los labios, besos en las mejillas, besos en la frente, besos en las manos, besos en el cuello, y cantidad de besos del cuello para abajo en los que no quiero ahondar. Bueno, si quiero pero no aquí, ni ahorita ;) COMENTARIOS A MI TEXTO DE HOYHoy voy a hacer las cosas como no las había hecho. Voy a comentar lo que dijeron de mi cuento antes de publicarlo... lo que pasa es que la versión final la hice en una USB y no la tengo ahorita... y pues para que no se me olviden los comentarios. El cuento lo publico mañana. Lo publicaré con una epígrafe que había pensado en ponerle, pero que el texto impreso no llevaba. Será la única modificación que le realice con respecto del texto que leyeron en el taller.
Comenzamos:
1. Lily notó cierta rima en mi cuento que le pareció chocante. Si, si tiene rima en algunas partes y si lo noté, pero no se la quise quitar... o sea, eran las palabras que quería usar y rimaban, así que ¿qué pedo? jajaja... Creo que las notó porque su maestro de poesía le tiene tirria a la rima y se la pasa cajeteándolos con eso. Otra asistente (que no conocía yo) dijo que ella no había notado rimas. El cuento de Rufo también las tiene, no sé si entonces Lily no las notó o no quiso hacer el comentario.
Por cierto, el cuento de Karen también tuvo rimas en una parte... Supongo que es el subconciente, no deberían castigarnos por eso... (subconciente se escribe así nomás con c, o con sc????? Juro que mañana lo checo).
2. Otro chavo (que siempre va, pero no me acuerdo de su nombre) dijo que de pronto cortaba el ritmo. Karen también. Jesús comentó que a él no le había parecido así.
3. A otros le gustó. Me felicitaron expresamente por haber escrito algo que no cayó en vulgaridades. Sí, intenté hacer un relato erótico, creo que así salió, y me preocupaba mucho esa parte de no caer en algo que resultara vulgar o barato. Jesús dijo que el texto le había producido emociones y le había resultado sabroso y sensual, y de parte de un hombre expresamente me interesaba que no resultara cursilón; aparentemente también lo logré.
4. Karen tuvo la amabilidad de notar que intenté añadir elementos ambientales. Seguramente al estar acostumbrada a mi modo parco de escribir, le resultaron más evidentes que a los demás... Como que si los metí a huevo, pero pues si fue en un intento de atender una de las observaciones.
5. Lily dijo que en algún momento le pareció monótono. Debo cuidar eso en mis textos porque ya es la segunda vez que me lo dicen.
6. Jesús dijo que el final no había sido tan climático. Él, y alguien más, no recuerdo quién, comentaron que pude haber explotado más la parte del diálogo para abordar más la relación entre ellos. No era mi interés hacer un cuento de amor, ni siquiera lo veo como un cuento erótico, sino como un relato erótico (habrá diferencia entre cuento y relato??? yo intuyo que sí), por eso me concentré más en la narración del momento erótico, no tanto en la historia de los personajes. Lily comentó que debería seguirle al cuento, creo que alguien más lo dijo también, y en la oficina Hilda y Angélica también me lo dijeron. Por primera vez, realmente estoy considerando modificar ese texto con intenciones de mejorarlo.
La parte más importante es la que sigue:
La semana pasada prácticamente había decidido abandonar la escritura de ficción. Quería llevar el relato erótico que tenía en mente y terminar una historia que empecé la semana antepasada. Y ya... Me concentraría en mis textos para Daniela. Pero hoy siento que quiero seguirlo intentando. Que me seguirá siendo difícil, pero bueno... Tengo que escribir más y tengo que leer más e ir generando resultados... Lo prometo... Igual y más adelante publico una versión de Frenesí, que es como se llamó mi relato. Mañana, el relato tal y como lo leyeron en el taller.
Ah, por cierto, no quiero olvidarlo. Jesús volvió a mencionar la malicia literaria que dice que mostró de nuevo mi primer párrafo. Supongo que eso me anima... Algo me dice que lo puedo hacer bien, por eso quiero seguir intentándolo. Y otro asistente (nuevo también) dijo que mi texto mostraba a una gran escritora o una escritora en potencia, o no me acuerdo, me garigoleó el cumplido y se lo agradezco. O sea siento que tengo la capacidad de hacerlo, de transmitir con mis textos, pero debo desarrollarla, por eso no quiero claudicar... Esperen más de mí, ojalá que mejor... Gracias y ahora si chao, jajaja. Cuento Dos (con comentarios)Híjole, pues ayer ya no me dio chance de publicar el Cuento Dos antes de llevarlo al taller, así que ahora lo publico todo junto.
CUENTO DOS
Amanece en la casa de la familia de Rufo. “A bañarte Miguel”, grita Susana desde la puerta del cuarto. Y Rufo sabe que ese aviso es también para él. Debe bajar al jardín a hacer sus necesidades.
Rufo es la mascota de la familia Salas. La familia la conforman Don Miguel, Susana, Cecy y Miguel hijo, Mickey. Tomasa es el ama de llaves y vive también en la casa.
Rufo llegó a vivir con ellos siendo un cachorrito recién destetado. Fue un regalo para Mickey de Ximena, su tía consentidora. Mickey siempre había querido un perro, pero sus papás no estaban seguros de que fuera tiempo para ello… Ximena hubo de convencerlos. “Te vas a llamar Rufo”, le dijo Mickey al instante en que pudo verlo y en respuesta Rufo le ladró a su nuevo dueño.
Mientras estaba recién llegado, Susana y Miguel no tuvieron problemas en que Rufo durmiera con Mickey, pero cuando empezó a crecer lo mandaron a dormir a su casa, en el cuarto de lavado. Rufo no tuvo problemas con eso, pero Mickey sí. Con toda la rebeldía de un niño de 5 años empezó a dormir con Rufo en la lavandería. Ximena convenció a su hermana de dejarlo regresar al cuarto de Mickey y mandarlo a clases de adiestramiento. A Rufo le gustaban sus clases; le ocupaban toda la mañana, mientras Mickey estaba en la escuela y además, notó que su comportamiento resultaba más agradable a ojos de su familia humana.
Tres años después Rufo ya no es una bolita inspiradora de ternura. Ahora es una gran masa de pelo que pesa más de treinta kilogramos. En realidad, Mickey y Rufo han crecido juntos. En más de una ocasión Mickey ha dicho que Rufo es su mejor amigo. Claro que también dice eso de Paco, su vecino de enfrente y compañero de salón. Si Rufo y Mickey son el dúo dinámico, juntos los tres son auténtica dinamita.
Como todo un perro muy educado, Rufo conoce la rutina de la familia. Por las mañanas baja al jardín, donde espera hasta que Cecy y Mickey se van al escuela. A veces los lleva Don Miguel y otras veces lo hace el papá de Paco. Pero sea cual sea el medio de transporte, Rufo siempre alcanza lugar para acompañarlos. Regresa de la escuela y espera en el jardín a que Mickey haga lo mismo. Ocasionalmente, se echa un chapuzón en la alberca; sabe que han de regañarlo, pero el baño bien merece la pena.
Por las tardes Rufo va con Mickey a su práctica de fútbol. Alguna vez, el entrenador pidió que ya no lo hiciera y en respuesta los niños del equipo armaron una huelga. Argumentaban que Rufo no entraba al terreno de juego y que siempre era lo suficientemente cortés de acompañar a aquél que iba a recoger una bola que había botado demasiado lejos. Rufo es el invitado predilecto no sólo a las prácticas, sino al partido de los sábados y a las excursiones del equipo. Los viernes camina con Cecy a su clase de piano y la espera afuera para acompañarla también de regreso. Los fines de semana son los mejores: incluyen el juego de fut, las idas al parque y días de campo ocasionales.
Esa tarde, Rufo espera paciente frente a la cochera a que lleguen los niños de la escuela. No hay mejor alarma que Rufo para avisar de la inminente llegada. Rufo espera, y sigue esperando pero nadie viene. Al atardecer Tomasa lo llama a comer, pero él apenas olfatea su plato. Ya entrada la noche los oye llegar, se acerca a la puerta meneando la cola. Pero Mickey no ha llegado a casa, es Don Miguel, que viene a buscar ropa para Cecy, pues irá a dormir a casa de su abuela. El día siguiente Cecy regresa de la escuela junto con la abuela, que ha llegado para instalarse en la casa. Y a partir de entonces la rutina cambia. A veces Don Miguel duerme en casa, a veces Susana, a veces los dos o ninguno de ellos, pero Mickey sigue estando ausente.
Rufo no lo sabe, no tendría cómo saberlo, pero ese día Mickey se golpeó fuertemente en la escuela y tiene una fractura en el cráneo. El pronóstico de los médicos fue reservado. Aunque la familia recibe muchas muestras de apoyo entre sus amigos y sus familiares, Rufo percibe la tensión en la casa. A veces Cecy viene a buscarlo y juega con él, Paco lo hace otras veces; pero ninguno de ellos es Mickey y Rufo lo va resintiendo. Nadie lo ha notado, pero Rufo ha perdido ya cinco kilos de peso. Y ha regresado a dormir en la lavandería; la cama del cuarto de Mickey con sus mullidos cojines y el suave edredón, le resulta incómoda si no está su amigo. La casa no parece más una casa con niños. La casa no parece más una casa con perro.
Han pasado ya un par de semanas. Es un día cualquiera. Rufo ve de lejos hacia la cochera. La camioneta se acerca. ¡Es Mickey! Ese que ha bajado con una cosa extraña sobre la cabeza. Sí, luce muy raro, pero eso no le importa a Rufo: Mickey es su persona favorita sobre la faz de la tierra. La puerta principal de la casa se encuentra cerrada, Rufo corre a la puerta del patio que había visto abierta. Cruzará todo el jardín hasta la cochera.
Mickey por fin ha sido dado de alta por sus médicos. Don Miguel y Susana, sin embargo, no están del todo felices. Mickey sufre de amnesia; en el hospital, no ha reconocido ni a padres, ni a hermana. Los doctores les dicen que eso es algo normal dado el traumatismo que sufrió su cerebro. Sus habilidades permanecen intactas y su hijo podrá regresar al escuela. Habrá que ver cómo reacciona su memoria a corto plazo.
Mientras todos bajan de la camioneta ignoran que Rufo corre a toda velocidad hacia ellos. Sólo lo perciben cuando embiste fuertemente a Mickey. ¡Esa sí que ha sido una gran tacleada! Don Miguel avienta con violencia a Rufo. Nunca lo habían visto tan enojado; la reacción natural de un padre preocupado por el bienestar de su hijo. Con mucha tensión contenida y un bate que ha encontrado tirado en el suelo se le acerca al perro. Pero Mickey ya se ha levantado y torpemente se dirige hacia él. “¡Rufo! ¡Te he extrañado tanto!”, le dice, mientras se le aferra al cuello.
Ahora dejen les platico lo que me dijeron:
Lily dijo que le parecía que a mi cuento le faltaban diálogos. Jesús le dijo que un cuento puede escribirse sin ellos. De hecho, comentó otro de los elementos importantes para determinar si un texto es un cuento: la historia debe tener un inicio, un desarrollo y un final. Así que ahora ya tengo una idea más clara de lo que es un cuento. La persona que me leyó, que no sé su nombre, dijo que le gustó, que le parecía bien escrito. Socorro dijo que le gustó más que el primero, aunque lo primero que ella leyó de mi no fue el cuento, sino el texto de los demonios internos, y pues, nada que ver. Herminia (ni sé si se llama así, pero no sé por qué tengo la idea de que se llama Herminia) dio el comentario más adecuado: a mi cuento le faltan elementos ambientales; Jesús coincidió con ella, dijo que el cuento llegaba a volverse tedioso en algún punto. Yo no creo que a mi cuento le falten elementos ambientales... me faltan a mí, soy muy parca para dar detalles, me parece incluso que carecen de importancia, jajaja... Ni siquiera me fijo en los detalles en mi vida cotidiana, hay gente que de un vistazo lo observa todo y yo sólo me fijo en lo importante.
También dijeron que el cuento lo acabe demasiado pronto, que no supe construir el final que era lo más meolloso del asunto. Que parecía incluso confundirse si Mickey había recuperado la memoria o no y si había sido por el golpe del perro. En realidad el perro no lo golpea, lo taclea. En un punto imaginé que ese sería un juego entre ellos pero nunca lo aclaré. Nunca hablo de un golpe ni nada, Rufo simplemente lo tira. Creo que no debió existir tal confusión, pero bueno.
Ah! y otra cosa, Jesús dijo que por ahí parecía confundirme si el cuento se narraba desde la perspectiva del perro o del niño, o de quién. Incluso, creo haberle entendido que así como iba el cuento parecía narrado desde la perspectiva de Rufo, y entonces el detalle de aclarar lo que había pasado con Mickey era innecesario, no correspondía a la perspectiva de él. Esa parte no me quedó muy clara, pero bueno. Dijo que había sido un buen reto (sí, lo creo) y que debería darle seguimiento para arreglar las cosas que me comentaron. No lo haré, me resulta muy difícil escribir y pues arreglarlo, menos... Ése es mi cuento, si en el futuro logro escribir cosas mejores, ¡qué bueno! Pero serán otras... el cuento se queda!
Por cierto, por lo que estaba muy contenta ayer es que definí mi propósito a seguir en el taller. Quiero hacerle un libro a Daniela. Ayer también llevé un texto al respecto, pero no sé si lo publicaré aquí o qué. Igual y sí. Quiero escribirle a esa niña, contarle cosas, ir formando la memoria que no puede tener, porque es aún muy pequeña. Dedicaré a esa tarea los próximos 6 años. Cuando entré al escuela y le enseñen a leer le obsequiaré su libro. ¡Estoy emocionada! Dejaré la ficción un poco de lado porque no se me facilita. Terminaré para el taller un texto que había empezado, y participaré de las tareas que encargue Jesús, pero mis textos semanales de rigor, corresponderán a lo que yo escriba para Daniela. Al rato pongo el texto, yo creo. Es que ando en reuniones y en realidad no tendré mucha chanza para eso. Y eso pasó ayer en mi taller. Ahí les platico la próxima semana.
DEL AMOR Y OTROS DEMONIOS (Comentarios)Pues me fue bien otra vez con mi texto. Me regañó Jesús por decir que era cursi antes de que lo leyeran, así que para la próxima ya sé que no debo hacer comentarios. Pero me anticipé desde aquí, jajaja... En realidad no creo que sea cursi, mas creo que puede ser considerado así. Por cierto, que en el taller no paso eso.
Jorge dijo que le gusto que usara el lugar común con el: "dicen que...", y que había tratado algo que a todos nos había pasado, pero era mi enfoque.
Jesús no me perdona el título, García Márquez es un lugar demasiado común. Traté de explicar que para mí era un juego de palabras con Del Amor y Otros Pecados, pero creo que no lo convencí en absoluto. Alabó mi ritmo, incluso, releyó el segundo párrafo y nos pidió que lo hiciéramos todos. Dice que tengo madera (bueno, algo así dijo). Lo que si le resultó cursi fue lo de: "después del vendaval, tengo saldo a mi favor", pero como esa es una manera muy mía de evaluar las cosas, pues me lo quedo. Por cuestión del ritmo creo que le recordé a un par de escritores que él considera buenos, y creo que eso de alguna manera es bueno para mí. También le gustó que mi texto hubiera sido dirigido "a ti"... como que tenía cierta intencionalidad... pero no la tiene! o sea, esa no es malicia de escritor, es más bien, inocencia de Rocío que le sigue escribiendo a Fernando como si él la fuera a leer algún día. Me aconsejó (Jesús) que siguiera arriesgando y llevando material, pero pues... o sea... yo necesito que me deje tarea, no escribo lo que escriben los demás de manera habitual... Tal vez lleve una que otra entrada del blog, no sé...
Y bueno, creo que fueron los comentarios en general, dijeron que mi texto daba para más y podría ser explotado. Me fue bien y estoy contenta.
Nota al margen 1: Me leyó una compañera que me decepcionó bastante al hacerlo. Quiero que cuando alguien lea mis textos, sea alguien que sepa leer. Y por saber leer no quiero decir que sepa descifrar las palabras que forman algunas letras entre sí, sino que, además de eso, sepa que una coma significa una pausa, que un punto y seguido significa una pausa, que un punto y aparte significa una pausa más grande que la anterior y que los puntos suspensivos son una pausa para echar el resto del aire por la boca (eso, por supuesto, lo digo yo). O sea... la tipa leyó todo sin hacer una pausitita siquiera. Como letanía! Qué le pasa????? Y después de escuchar leer a Socorro Alanís... O sea... me habría gustado que Socorro leyera mi texto, pero bueno... ya no quiero que me lea ellaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
Nota al margen 2: Me gusta Jesús... tiene algo... Además, cuando me enteré de su edad su sex-appeal subió un 60%... Me parece que no se le ven esos años, aunque si está echando ya la pelona. Pero creo que es del club de los que se casan demasiado... ¿sigo con eso? CUENTO UNO (COMENTARIOS)Pues dejen les cuento que me fue bien...
Cuando Jorge (es política del taller que nadie lea lo que escribió) teerminó de leer mi texto algunos aplaudieron... ¿o le habrán aplaudido a Jorge por cómo leyó??? Bueno... asumamos que fue por mí...
A continuación Jesús (que es el facilitador del taller y que no es feo y que según Karen me veía las bubis el primer día, pero yo no me dí cuenta y hoy tampoco y necesito desesperadamente que alguien me vea las buuuuuuuuuuuuuuuuuuuubis!!!) (disculpen el paréntesis anterior... cuestión de descargar las frustraciones... continuo:) Jesús dijo que era muy aplaudible que mi texto no tuviera ni una sola falta de ortografía, ni de puntuación... que le asombraba y le era muy grato leer un texto así... yo sé que la buena y favorita página de la Real Academia Española (www.rae.es), que tengo incluso ligada aquí en mi blog, ayudó... tenía duda con mousse pero ya lo chequé y si está bien escrito... y a la mera hora hasta con la semántica pero creo que si le atiné... ah! y supongo que lo que escribí si es cuento porque Jesús (que no es feo) no dijo que no lo fuera...
De las observaciones:
1. Alguien dijo que repetía mucho el nombre de Ninfa... sí, sí lo hice... alguien dijo que era cuestión de ritmo y en general todos lo justificaron... yo sólo sé que esa figura literaria de repetir una palabra u oración, que tiene un nombre, la uso mucho... y no sé por qué... supongo que me gusta y que al final termina por convencer a mis lectores, jajaja...
2. Jorge (mi lector) dijo que no le gustaba que hubiera hecho hincapié en las horas. Jesús me recomendó que las escribiera con letra (eso ya lo sabía y de todos modos me lo pasé por el arco del triunfo... los números del 1 al 100 deben escribirse con letra... y ahí voy haciéndolo otra vez... ¿se fijan?).
3. Jesús dijo que tal vez... tal vez... la palabra guapa no debería haber ido en cursivas... luego dijo: No, no debería ir en cursivas.
4. No me sé los nombres de los demás, pero me felicitaron, dijeron que les gustó lo que escribí.
5. Jorge dijo que le gustó que hubiera abordado el clásico y eterno temor que tememos al rídiculo (al aceptar o quedar expuestas nuestras fallas).
6. Jesús dijo que solía suceder... a los 22 años entró a trabajar a la Nissan en el área de motores... y él no sabía manejar entonces...
Y el mejor comentario de la tarde, el que me motiva es que Jesús (que no es feo) dijo que para ser un primer ejercicio era prometedor (prometes y prometes y luego me la m... ups! de nuevo con las frustraciones!! pero bueno... continuo:) Dijo que para escribir hay que tener malicia (ya había hablado de la malicia la clase anterior) y que eso se notaba en el primer párrafo, el que a un escritor con malicia le bastaba para definir lo que esperaba generar en el lector y a dónde quería llegar... y dijo que mi primer párrafo denotaba eso: malicia...
Ay cómo "miurge" la malicia con los hombres!!!
Pero bueno.. me fue bien, estoy contenta y a seguirle... como quedó todavía vigente la tarea del cuento de las profesiones extraordinarias, pues no tengo tarea para la próxima semana, chau chau, ahí me leen... y se admiten sus comentarios también! CUENTO 1Les dije que el martes pasado asistí a un Taller de Literatura Narrativa del IMAC??? Sí, si les dije... Bueno... pues mi primera tarea es escribir un cuento... Yo no tengo muy claro lo que es un cuento... siempre me los imagino como los de hadas que le cuentan a uno de chiquito y que luego Disney los hace película... Pero bueno... lo que entendí es que para hacer un cuento debemos describir una cotidianeidad que queda rota por un suceso inesperado llamado epifanía. Y bueno... el cuento tenía que ser de profesiones extraordinarias y yo lo hice de una instructora de spinning que si bien no es una profesión extraordinaria, tampoco es sumamente común... Y aquí les dejo el cuento, mañana debo imprimirlo para llevarlo a la clase y que mis compañeros puedan hacerme comentarios ilustrativos al respecto... yo abro la ronda de comentarios desde ahorita... Y mañana les digo cómo me fue... A falta de inspiración para el título el cuento se llama Cuento 1:
Rondaban las 10:30 de la noche cuando Ninfa se estaba bañando, recién había llegado de trabajar. A las 11:00 Max, Daniela y Enrique pasarían por ella; Cristian, Alejandra y Estela los estarían esperando en el antro.
15 minutos después, Ninfa estaba ya frente al tocador. Un poco de mousse en su cabello rizado, mascara en las pestañas, rubor y brillo labial y ¡voilà! Para sus amigos, ella era bonita; pero un poco de maquillaje y el atuendo coqueto que lucía para ir a bailar, la hacían lucir guapa a ojos de cualquiera.
Por supuesto que se veía diferente. En la escuela siempre usaba jeans y playera. Ni qué decir de la ropa que vestía en el trabajo. A sus 20 años, Ninfa tenía la energía y vitalidad suficiente para estudiar una carrera (como casi cualquier joven de su edad) y trabajar. Si bien no era autosuficiente, su sueldo le permitía atender sus necesidades personales a ayudar un poco a su familia. Por las mañanas, a las 6:00, Ninfa daba la primera de sus 4 clases de spinning. A las 10 estaba lista en la Facultad para empezar sus clases. Después de comer en casa, salía por las tardes para tomar clases de inglés y ballet y dar por la noche sus dos últimas clases de spinning.
Siempre había sido así: activa y deportista. En primaria practicaba voleibol y atletismo; estuvo incluso en el pionero equipo de fútbol femenil de su escuela. En secundaria jugaba basquetbol y había empezado con el spinning. En preparatoria siguió jugando básquet y el spinning pasó a otro nivel: alguien la había invitado a prepararse como instructora profesional. Desde siempre: el ballet. Mientras el deporte le brindaba un cuerpo atlético y delgado, el ballet le daba gracia y le torneaba las piernas. ¡Llamaba la atención! Sus amigas solían preguntarse por qué era tan perfecta.
Para el grupo de chicos, la noche de diversión pasó sin más contratiempo, que el de llevar a Ninfa temprano a su casa. Al día siguiente ella tenía esa excursión con la gente del gimnasio a la que tantas veces había dicho que no. Tenía sus motivos. Incluso, había salido esa noche con sus amigos esperando, locamente, que algo sucediera; tal vez, el típico accidente juvenil que, sin ser demasiado serio, garantiza una visita al hospital. Pero... ¡nada! A la 1:30 de la mañana sus amigos la dejaban en la puerta de su casa, tal y como le habían prometido. Sabían que era sumamente responsable para asumir con seriedad sus compromisos.
Por la mañana, a las 6:00 Ninfa se levantó para bañarse. Esta vez el maquillaje no era necesario y bastaba recoger su cabello en una coleta. Se puso top, short y tenis y tomó un licuado energético. Estaba lista. A las 6:30 Mario pasaría por ella. Además de llevarla a ella, también llevaría su bicicleta... Si Ninfa no sabía andar en bici, ¿qué sentido tenía que ella tuviera una en casa? Claro que ni Mario, ni el resto de los paseantes lo sabía. Todos asumían que su falta de bicicleta se debía a la situación económica de su familia. Y Ninfa no había dicho nada... ¡jamás se lo habían preguntado! ¿Cómo iba a desengañarlos? ¿Cómo iba a decirles que su instructora favorita de spinning, aquella que tenía clases abarrotadas y lista de espera, no sabía andar en bici? ¡La creían tan perfecta! ¿Cómo iba a decirles que en esa niñez / adolescencia tan activa jamás había habido una bicicleta?
Ninfa subió a la camioneta de Mario. Los excursionistas irían en vehículos auto-motores hasta un paraje serrano, desde donde iniciaría la vuelta en bicicleta. La cabeza de Ninfa seguía revolucionando en la camioneta: ¿fingir una lesión de último momento?... ¿cómo? ¿Una lesión que la dejara fuera del paseo de manera definitiva? Imposible. Podría fingir un calambre, pero eso sólo retrasaría la salida del grupo; no la imposibilitaría para seguir adelante.
... Así, la camioneta llego a su destino. Ya había un número nutrido de personas y al resto no le tomó más de 10 minutos hacerse presentes. ¡Todos estaban listos! Ninfa, todos, tomaron sus puestos en las bicicletas. El paseo estaba comenzando. Como era natural, Ninfa cayó de su bicicleta tan pronto como apoyó los dos pies sobre los pedales. La comitiva bromeó: "Al mejor cazador se le va la liebre". ¿Cómo era posible que Ninfa, siendo tan perfecta, cayera de la bici apenas empezando la carrera? ¡Pero si todos sabían que ella era la mejor!
Después de un auxilio breve, todos estaban nuevamente en sus puestos. Las manos de Ninfa sudaban y su pulso se había acelerado casi como si estuviera en clase de spinning. ¡Tendría que confesarlo! ¡Qué bochorno! Finalmente tendría que revelar el secreto que tanto la apenaba. No había vuelta atrás... y entonces... sucedió... en un instante... ¡en un segundo!... ¡Parecía tan increíble! ¿Sería posible que el paraje que habían escogido para dar inicio a la carrera fuera tan silvestre como para que, de repente, ese cervatillo hubiera salido asustado del espeso bosque? Todo fue confusión por un momento. Primero el cervatillo y después la venada. "¡Qué bonito!" "¿Lo viste?" se escuchaba decir.
Y después del bullicio, el recuento de los daños. Ahí estaba ella, en el suelo, visiblemente golpeada y con un poco de sangre en codos y rodillas. Allí estaba Ninfa... ¿sería posible que el cervatillo hubiera embestido precisamente la bicicleta de Ninfa, lastimándola al punto de no poder ponerse en pie? Sí... si era posible. Después de todo, ¡sí! Ninfa era ¡tan perfecta!... |
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